4 abr. 2017

Et sicut Moyses exaltavit serpentem in deserto



Et sicut Moyses exaltavit serpentem in deserto

«De la misma manera que Moisés levantó en alto la serpiente en el desierto, también es necesario que el Hijo del hombre sea levantado en alto».

“Et sicut Moyses exaltavit serpentem in deserto, ita exaltari oportet Filium hominis”.

Evangelium secundum Ioannem 3, 14.

«Muchos morían en el desierto por las mordeduras de las serpientes. Y por ello Moisés, por orden de Dios, levantó en alto una serpiente de bronce en el desierto; cuantos miraban a ésta, quedaban curados en el acto. La serpiente levantada representa la muerte de Cristo, de la misma manera que el efecto se significa por la causa eficiente. La muerte había venido por medio de la serpiente, la que indujo al hombre al pecado por el cual había de morir; mas el Señor, aun cuando en su carne no había recibido el pecado, que era como el veneno de la serpiente, había recibido la muerte, para que hubiese pena sin culpa en la semejanza de la carne del pecado, por lo cual en esta misma carne se paga la pena y la culpa».

“Serpentum enim incursibus in deserto multi moriebantur; ac sic Moyses ex praecepto domini exaltavit in deserto aeneum serpentem: hunc videntes sanabantur continuo. Exaltatus serpens est mors Christi, eo significandi modo quo per efficientem id quod efficitur significatur. A serpente quippe mors venit, qui peccatum, quo mori meretur, homini persuasit; dominus autem in carnem suam non peccatum transtulit tamquam venenum serpentis, sed mortem, ut esset in similitudine carnis peccati poena sine culpa; unde in carne peccati et poena solveretur et culpa”.

San Agustín, De peccat. mer. et remiss. cap. 32.

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1 abr. 2017

¡Buen Camino, Pascual!



En la muerte de Pascual Tamburri Bariain


Fernando José Vaquero Oroquieta, 

Ha muerto Pascual Tamburri Bariain.

Intelectual de vocación medievalista; investigador del Colegio Español de Bolonia.

Docente ejemplar y guía de los jóvenes de nuestro tiempo convulso.

Patriota navarro y español fiel a sus raíces italianas y olitenses.

Firme en sus principios, trabajador incansable al servicio de los ideales, delicado en el trato con todo tipo de personas.

Su sonrisa permanente acogía cualquier espíritu desasosegado.

Columnista infatigable y polemista, sus críticas de libros desplegaban una pequeña parte de su formidable caudal y sed de conocimientos. Miles de crónicas cargadas de sentido común y bonhomía.

Amigo leal, el honor no le permitía su abandono.

Ha muerto joven, paladeando la vida desde nuestra Navarra, como Ángel María Pascual.

El Misterio lo ha reclamado en el corazón de la Europa que siempre amó.

Desde la Roma eterna nos acompañará en nuestra lucha por la Navarra española que tanto amó y la Europa fiel a su destino por la que vivió.

Requiescat in Pace,
et Lux Perpetua luceat ei.

Fernando, discípulo y amigo

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Oración por los difuntos (tradición bizantina)

Dios de los espíritus y de toda carne, / que sepultaste la muerte, / venciste al demonio / y diste la vida al mundo. / Tú, Señor, concede al alma / de tu difunto siervo Pascual, / el descanso en un lugar luminoso, / en un oasis, en un lugar de frescura, / lejos de todo sufrimiento, / dolor o lamento.

Perdona las culpas por él cometidas / de pensamiento, palabra y obra, / Dios de bondad y misericordia; / puesto que no hay hombre / que viva y no peque, / ya que Tú sólo eres Perfecto / y tu Justicia es justicia eterna / y tu Palabra es la Verdad.

Tú eres la Resurrección, / la Vida y el descanso del difunto, / tu siervo Pascual.

Oh Cristo Dios nuestro. / Te glorificamos junto con el Padre / no engendrado / y con tu santísimo, bueno / y vivificante Espíritu.

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Pascual Tamburri Bariain ¡¡PRESENTE!!

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12 mar. 2017

El hombre de hoy considerado como "recurso"



En pleno tiempo penitencial, nos obsequiaba InfoCatólica el pasado 11 Mar. 2017 (sábado de las Cuatro Témporas de Cuaresma [MR 1962] / sábado de la I Semana de Cuaresma [MR 2008]), con el artículo "STEVE MOSHER, PRESIDENTE DEL «POPULATION RESEARCH INSTITUTE»", en el que se nos alecciona que "El líder pro-vida reacciona ante defensores del control de la población y el aborto que hablan en la conferencia del Vaticano" y se nos ilustra que "«Estoy sin palabras» afirma líder provida".

En el cuerpo del artículo InfoCatólica parece hacer suya la afirmación de Mosher según la cual Mons. Marcelo Sánchez Sorondo, Canciller de la Pontificia Academia de Ciencias y la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, «no tiene idea de cómo se debe ejecutar una economía. No tiene idea de que una próspera economía de mercado libre necesita gente, y que la gente es el recurso último - el recurso del que uno no puede prescindir»...

Desgraciadamente este comportamiento ya no causa sorpresa en un medio cuyos artículos hacen befa de la sangre congoleña (Bruno Moreno, 10 Mar. 17) o "de la indefensión en que viven los inmigrantes" (Pedro Luis Llera, 11 Mar. 17), auténticos "pecados que claman al cielo" como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1867.

InfoCatólica añade que según Mosher, "esta conferencia [del Vaticano] «nos lleva muy lejos de los puntos de vista del Papa Juan Pablo II y las opiniones del Papa Benedicto»". 

Detengámonos a examinar cuál es en realidad el magisterio (que no punto de vista u opinión), de Benedicto XVI al respecto, y formemos un juicio sobre quién se aleja más de él:

EL HOMBRE DE HOY ES CONSIDERADO EN CLAVE BIOLÓGICA O COMO "CAPITAL HUMANO", "RECURSO", PARTE DE UN ENGRANAJE PRODUCTIVO Y FINANCIERO QUE LO SUPERA

Ciudad del Vaticano, 03 Dic. 2012 (VIS).- El Santo Padre ha recibido hoy a la Plenaria del Pontificio Consejo Justicia y Paz, y les ha dirigido un Discurso.

El hombre de hoy, afirmó Benedicto XVI, "es considerado en clave predominantemente biológica o como "capital humano", "recurso", parte de un engranaje productivo y financiero que lo supera. Si, por un lado se sigue proclamando la dignidad de la persona, por otro nuevas ideologías - como la hedonista y egoísta de los derechos sexuales y reproductivos o la de un capitalismo financiero sin límites, que prevalece sobre la política y deconstruye la economía real - ayudan a considerar el empleado y su trabajo como bienes "menores" y a socavar los fundamentos naturales de la sociedad, especialmente la familia. 

En realidad, el ser humano es constitutivamente trascendente respecto a los demás seres y bienes terrenales, y goza de una verdadera primacía que lo hace responsable de sí mismo y de la creación. Para el cristianismo, el trabajo es un bien fundamental del hombre, en vista de su personalización, su socialización, la formación de una familia, la contribución al bien común y a la paz. Por este motivo, el objetivo del acceso al trabajo para todos es siempre una prioridad, incluso en tiempos de recesión económica".

"De una nueva evangelización de lo social, continuó el Santo Padre, puede derivar un nuevo humanismo y un compromiso renovado cultural y proyectual". La nueva evangelización "ayuda a destronar a los ídolos modernos, a reemplazar el individualismo, el consumismo materialista y la tecnocracia con la cultura de la fraternidad y la gratuidad, del amor solidario. Jesucristo resume y da cumplimiento a los preceptos con un mandamiento nuevo: "[Ut diligatis invicem; sicut dilexi vos, ut et vos diligatis invicem] Como yo os he amado, amaos también unos a otros" (Io 13, 34), y aquí está el secreto de toda vida social plenamente humana y pacífica, así como de la renovación de la política y de las instituciones nacionales y mundiales.

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Hasta aquí el Papa Benedicto XVI. Parafraseando a un santo canonizado el siglo pasado, cuando bullen estas gentes, "haciendo cabeza" de manifestaciones de info-ortodoxia, se sienten ganas de decirles:

¡Por favor, tengan la bondad de ser menos católicos!



23 ene. 2017

El tesoro de la Iglesia puede dar sorpresas




Traemos aquí el escrito de El brigante, para así también nosotros cooperar a la pacificación de la Iglesia consigo misma, con su memoria común. A quienes sobre el matrimonio declaran fidelidad a unas presuntas 'inmutables' enseñanzas de la Iglesia, a unas supuestas 'nunca interrumpidas' disciplinas anejas, debe quedar bien claro que no se puede congelar la autoridad magisterial de la Iglesia al año 1981.

El tesoro de la Iglesia puede dar sorpresas
(El brigante, 23 Ene. 2017)

“Platón es mi amigo, pero más amiga es la verdad”. Si alguna vez Aristóteles pronunció esta frase, poco importa. Se non è vero, è ben trovato. Es una sentencia irisada, digna de meditación. A veces, uno se encuentra en una situación en la que adivina las razones (de la razón o del corazón) que mueven a los próximos y, a pesar de ello, tiene que perseguir una pista diferente. Eso es lo que me sucede hoy con tantos amigos que se sienten confundidos en relación a la disciplina que introduce la exhortación apostólica Amoris lætitia y que conciben sombríos vaticinios sobre la suerte de la Iglesia. Con tono cordial –mi historia de excesos es mi mejor maestra– me atrevo a brindar aquí lo que ya he compartido en otros ámbitos y con otros amigos. Porque también conmigo lo han compartido y creo que es mi deber contribuir a apaciguar los ánimos entre los cristianos.

Uno de los procesos que han operado esta angustia en muchas personas ha consistido en interpretar que Amoris lætitia contiene una contradicción insalvable, de resultados fatales para la fe y para la vida de fe. Quienes así piensan consideran que es imposible sostener a un tiempo la doctrina evangélica y tradicional sobre el matrimonio (tal como se recoge en Amoris lætitia) y la posibilidad que abre la nota 351 de que las personas que están en una situación que contradice esa enseñanza puedan recibir la comunión o el perdón sacramental. Se afirma, insistentemente, que esta nueva praxis supone una innovación radical en la disciplina que siempre se había tenido en la Iglesia. Lo que sugiero es que consideremos la posibilidad de que los aspectos doctrinales implicados en la que parece ser la nueva disciplina de la nota 351 de Amoris lætitia no sean una innovación tan radical en la historia de la Iglesia. Para eso, tendré en cuenta el concilio de Elvira. No es un documento insignificante ni menor. Se trata de la primera regulación disciplinar del matrimonio canónico de la que conservamos noticia. Su canon noveno dice:

Prohíbase casarse a la mujer cristiana que haya abandonado al marido cristiano adúltero y se casa con otro [y quiera casarse con otro]. Si se hubiere casado, que no reciba la comunión antes de que hubiere muerto el marido abandonado, a no ser que la necesidad de la debilidad (infirmitatis) forzare a dársela.

La nota 351 de Amoris lætitia afirma, en relación con quienes hayan incurrido en adulterio:

En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos. Por eso, «a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de torturas sino el lugar de la misericordia del Señor»… Igualmente destaco que la Eucaristía «no es un premio para los perfectos sino un generoso remedio y un alimento para los débiles».

Ambos textos se refieren a situaciones diversas, de eso no cabe duda. La cuestión es si las dificultades teológicas que se han planteado a la praxis de la nota 351 no alcanzarían igualmente al canon 9.

Empezaré por los “sed contra”. Se me ha objetado que estamos ante escenarios radicalmente diferentes: el canon noveno estaría regulando el caso en que la adúltera se encontrase en peligro de muerte y se supone que la comunión se le administra previo arrepentimiento y propósito de enmienda de su pecado; en cambio, la praxis de la nota 351 no requiere ni periculum mortis ni propósito de dejar la situación adulterina.

La objeción se funda, pues, en dos argumentos. Replicaré la falta de consistencia de cada uno de ellos en virtud, en ambos casos, de razones hermenéuticas derivadas del propio contexto del documento y de razones que se extraen del sentido intrínseco de las palabras del canon.

El primero de los argumentos afirma que el canon nueve de Elvira trata exclusivamente de la persona adúltera que se encuentra en peligro próximo de muerte. Es interesante esclarecer este punto, a pesar de que, en sí mismo, no fundaría una impugnación radical de la semejanza de razón teológica entre ambas normas.

En razón del contexto se advierte que no es posible interpretar el caso previsto en este canon como limitado al articulum mortis. Los cánones penales del concilio de Elvira asocian a determinados delitos la pena de privación de la comunión sacramental y la mayoría de ellos prevén cómo debe actuarse en caso de proximidad de la muerte. Sin excepción, en todos esos casos –ya sea para permitir o para seguir prohibiendo la administración de la comunión– el concilio utiliza, para referirse a la proximidad de la muerte, siempre y exclusivamente, la expresión “el final”. “Que al final se le dé la comunión” o bien “que ni al final se le dé la comunión”. En el canon nueve no se menciona “el final”. En su lugar habla de una situación de endeblez, de debilidad. El tono rigorista de todo el sínodo hace indicar que ha de ser una razón grave, pero de ningún modo puede interpretarse como una mención limitada a la proximidad de la muerte.

Pero, además de por el contexto, no es posible interpretar que el canon nueve habla exclusivamente de los casos postreros porque el propio texto del canon es elocuente en sentido contrario. Está redactado como una frase compuesta. La frase principal establece una norma general, que se aplica a unos casos (estando vivo el marido abandonado, que no se dé la comunión a la mujer adúltera) y la frase subordinada, una excepción, dentro de esos mismos casos (una debilidad tal que obligue a dársela). La excepción se refiere, pues, al discernimiento prudencial de una circunstancia que cae dentro del tipo descrito: no establece otro tipo o caso.

El segundo argumento que se esgrime contra la analogía teológica entre ambas praxis es de mayor calado, aunque resulte todavía menos sostenible. Se entiende así –implícitamente– que el canon levanta la prohibición de la comunión a la infirma adúltera, solo si ella se ha arrepentido y tiene propósito de corregir su situación desordenada. De nuevo, el contexto despeja la sospecha. Los cánones más severos de Elvira no prevén que la eventualidad del arrepentimiento tenga ninguna incidencia en la pena. Cuando se establece que “ni al final se le administre la comunión” al transgresor, estamos ante normas que no proveen ninguna mitigación, con independencia de que medie o no arrepentimiento y penitencia (tal es el caso del canon ocho, que recoge un caso semejante al del nueve, con la diferencia de que la mujer en esta ocasión abandona al marido sin causa, nulla præcedente causa). Hay otros casos en los que el canon sí prevé una mitigación o simplemente un plazo de vigencia del castigo. En tales casos, sí que señala explícitamente la penitencia o cuánto tiempo ha de durar la abstinencia de la conducta prohibida antes de que se levante la pena. Así, los que habiendo sido flámines se hacen catecúmenos, una vez que lleven tres años sin sacrificar pueden ser admitidos al bautismo; la mujer que mata a su esclava, tras siete o cinco años –según el caso– y cumplida la legítima penitencia, puede ser admitida a la comunión. En estos y otros casos similares, los cánones que prevén el levantamiento de la pena exigen “acta legitima pœnitentia”, o bien que se vea que se ha corregido (“ut correptus esse videatur”). El canon noveno tiene un enunciado completamente diferente del resto. Si de nuevo nos fijamos en el sentido de la redacción de esta norma, advertimos que también aquí se indica la condición para levantar la pena que correspondería al tipo descrito, pero no sólo no hay mención de penitencia o de arrepentimiento, sino que esa condición se cumple con la verificación de una debilidad tal que fuerce (compulo) a darle la comunión. Es la flaqueza la que genera la obligación de levantar la pena, no la penitencia. De haber sido la penitencia, lo razonable por el contexto es que se indicara, cosa que no sucede. Pero lo que resulta dirimente es que en tal caso no tendría sentido hablar de que es la debilidad la que fuerza la administración de la comunión. En ningún otro caso se recurre a un verbo tan imperativo.

Las objeciones, por lo tanto, a la consideración de la analogía teológica entre la disciplina del canon noveno de Elvira y la nota 351 de Amoris lætitia no parecen consistentes. Por lo tanto, ahora estamos en mejores condiciones de advertir esa semejanza profunda entre ambas praxis. En las dos se sanciona como contrario a la voluntad de Dios el adulterio, que es considerado un desorden grave. Pero en las dos se admite que, en algún caso (no automáticamente), sea posible armonizar esta situación objetiva de desorden con una disposición subjetiva suficiente para recibir provechosamente la comunión sacramental.

No pretendo ir más lejos. Quedan muchas dificultades por aclarar, en los órdenes teológico y sacramental. Aquí tan sólo me propongo compartir esta reflexión con los cristianos atribulados, para que puedan considerar si realmente la famosa nota 351 es, en sí misma, una novedad tan radical en la historia de la Iglesia.

José Antonio Ullate Fabo

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31 oct. 2016

Lutero: una "idea loca" que ha evolucionado en herejía y cisma, por Jorge Mario Bergoglio (1985/2013)



Lutero: una "idea loca" 
que ha evolucionado en herejía y cisma

por Jorge Mario Bergoglio (1985/2013)

Muchas veces, San Ignacio ha sido definido como el bastión de la Contrarreforma. Esto es verdad; sin embargo […] los jesuitas estaban más preocupados con Calvino que con Lutero. […] Habían descubierto con perspicacia que ahí se escondía el verdadero peligro para la Iglesia.

Calvino ha sido el gran pensador de la Reforma protestante, quien la ha organizado y conducido en el plano de la cultura, de la sociedad de la Iglesia; ha plasmado una organización que Lutero no se había propuesto. Éste, el alemán impetuoso que probablemente había proyectado al máximo dar vida a una Iglesia nacional, es releído y reorganizado por aquél francés frío, un genio latino versado en jurisprudencia, que era Calvino.

Lutero era visto como un hereje. Calvino, además, como un cismático. Me explico. La herejía –por usar la definición de Chesterton– es una idea buena que ha enloquecido. Cuando la Iglesia no puede curar su locura, entonces se transforma en un cisma. El cisma implica ruptura, división, separación, consolidación independiente; va creciendo por pasos sucesivos hasta conquistar una propia autonomía. San Ignacio y sus sucesores combatirán contra la herejía cismática.

Y, ¿cuál es el cisma calvinista que provocará la lucha de Ignacio y de los primeros jesuitas? Se trata de un cisma que afecta tres áreas: el hombre, la sociedad y la Iglesia. […]

– En el hombre, el calvinismo provocará el cisma entre razón y emoción. Separa la razón del corazón. En el plano emotivo, el hombre de aquél siglo, y bajo la influencia luterana, vivía la angustia por la propia salvación. Y, según Calvino, de esa angustia no había que preocuparse. Contaba solamente preocuparse de las cuestiones de la inteligencia y de la voluntad.

Este es el origen de la miseria calvinista: una disciplina rígida con una gran desconfianza a lo que es vital, cuyo fundamento es la fe en la total corrupción de la naturaleza humana, que puede ser ordenada solamente por la superestructura de la acción del hombre. Calvino cumple un cisma dentro del hombre: entre la razón y el corazón.

Más aún, Calvino provoca otro cisma en la razón misma: entre el conocimiento positivo y el conocimiento especulativo. Se trata del cientificismo que rompe la unidad metafísica y provoca un cisma en el proceso intelectivo del hombre. Todo objeto científico se asume como absoluto. La ciencia más segura es la geometría. Los teoremas geométricos serán una guía segura de referencia del pensamiento. Este cisma, que se da en la misma razón humana, afecta a toda la tradición especulativa de la Iglesia y a toda la tradición humanística. […]

– El cisma calvinista afecta también a la sociedad, que resultará dividida. Como portadoras de salvación Calvino privilegia las clases burguesas. […] Esto implica y comporta un revolucionario menosprecio de los pueblos. Ya no hay ni pueblo ni nación, y, al contrario, se configura una internacional de la burguesía.

Con un anacronismo podríamos aplicar aquí la fórmula de Marx: "Burgueses de todo el mundo, uníos", despreciando cualquier significado de la nobleza de los pueblos. Con esta actitud Calvino es el verdadero padre del liberalismo, que ha sido un golpe político al corazón de los pueblos, a su modo de ser y de expresarse, a su cultura, a su manera de ser cívica, política, artística y religiosa.

Probablemente en el plano social esto es más evidente en la elaboración, primero de Hobbes (según el cual los hombres debían convivir por medio del engaño y de la fuerza, mientras que el Estado, "moderno Leviatán", existía sencillamente para tener a raya los egoísmos y evitar la anarquía, legitimando una lógica de dominio, dado que ya no había ninguna ley natural), y después de Locke, mucho más sofisticado, pero no menos cruel.

Hobbes reivindica el "poder" sin corazón, con una justificación absolutista y racionalista. Locke reviste todo esto con una "compostura civil" y busca redefinir la sociedad excluyendo al pueblo.

La postura de Locke es la siguiente: parte de la admisión de un cierto derecho natural y se sirve del slogan "la razón enseña que…", para después deducir –como por magia– conclusiones que justifican ese cisma social: el hombre –puesto que supera la propia corrupción natural por medio del activismo– puede poseer el fruto de su trabajo siempre que ese fruto no sea corruptible. He aquí que nace la moneda y la índole monetarista del liberalismo.

Además, la razón enseña que el hombre tiene derecho a comprar trabajo. Y con esto se dan dos tipos de trabajadores: los que poseen bienes no corruptibles y los que no los poseen. El Estado tiene la función de mantener el orden entre estas dos categorías de trabajadores evitando la rebelión de estos contra los primeros. En el fondo, el pensamiento calvinista-cismático-liberal está reivindicando para el segundo grupo de trabajadores el poder de rebelión, lo que hoy llamaríamos la rebelión del proletariado. En última instancia, el marxismo es el hijo obligado del liberalismo.

– En tercer lugar, el cisma calvinista hiere a la Iglesia. […] Sustituye la universalidad del pueblo de Dios con el internacionalismo de la burguesía. […] Decapita el pueblo de Dios de la unidad con el Padre. Decapita todas las cofradías de los oficios privándolas de los santos. Y, suprimiendo la misa, priva al pueblo de Dios de la mediación en Cristo realmente presente. […]

En el fondo Calvino había intentado salvar al hombre, al que la perspectiva luterana había precipitado en la angustia. En Lutero se manifiesta la intención de salvar al hombre del paganismo del renacimiento, pero esa intención había evolucionado hacia una "idea loca", es decir, en herejía. Por eso Calvino, con la frialdad legislativa que le caracteriza, parte del angustioso planteamiento luterano y evoluciona así: el hombre está corrompido; por consiguiente, disciplina.

De aquí nace lo que conocemos como el "rigor protestante". Éste propone signos de salvación diferentes de aquellos católicos –los que hemos citado antes–, y el signo es el trabajo acumulativo. Casi como si pretendiera identificar los frutos del trabajo con los signos de la salvación. Podríamos simplificarlo de manera caricatural con este axioma: "Serás salvado si adquieres la riqueza que se obtiene con el trabajo". Y he aquí plasmada la clase burguesa.

–  A partir del planteamiento luterano, si somos coherentes, quedan solamente dos posibilidades entre las cuales optar en el curso de la historia: o el hombre se disuelve en su angustia y ya no es nada (y es la consecuencia del existencialismo ateo), o bien el hombre, basándose en esa misma angustia y corrupción, da un salto en el vacío y se autodefine superhombre (es la opción de Nietzsche).

En el fondo Nietzsche regenera a Hobbes, en el sentido de que la "última ratio" del hombre es el poder. El dominio es posible solamente contra el amor, a partir de la contraposición, en el hombre, entre la razón y el corazón. Un tal poder, como "última ratio", implica la muerte de Dios. Se trata de un paganismo que, en los casos del nazismo y del marxismo, adquirirá formas organizadas en sistemas políticos.

La perspectiva luterana, porque se fundamenta en el divorcio mismo entre la fe y la religión (efectivamente, concibe la fe como la única salvación, y acusa a la religión –los actos de religión, la piedad, etc.– de ser una mera manipulación de Dios), genera divorcio y cisma; comporta toda clase de individualismos que, en el plano social, afirman su hegemonía.

Toda hegemonía, tanto religiosa, política, social o espiritual, encuentra aquí su origen.

Jorge Mario Bergoglio (1985/2013)

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En 1985, cuando pronunció esta conferencia, Jorge Mario Bergoglio tenía 49 años y era rector del Colegio Máximo de San Miguel. De 1973 a 1979 había sido provincial de la Compañía de Jesús en Argentina. Se ha vuelto a publicar tal cual, en español, en un libro que ha autorizado de hecho, salido después de su elección como Papa:



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6 ene. 2016

Dios es Padre de todos los hombres, no sólo de los cristianos



San Pio V

225° Papa della Chiesa Cattolica; inizio Pontificato: 7, 17. I. 1566; fine Pontificato: 1. V. 1572; nome secolare: Antonio (Michele) Ghisleri; nascita: Bosco (Alessandria).

Dios es Padre de todos los hombres

CATECHISMUS ROMANUS
seu Catechismus ex decreto Concilii Tridentini ad parochos, 
Pii V Pontificis Maximi iussu editus, 4, 9, 2.

Cuál es la primera razón por que los cristianos llaman Padre aquí justamente a Dios.

Y [el párroco] sacará materia abundante para enseñar a los fieles las razones por que conviene a Dios el nombre de Padre, de los tratados de la creación, de la providencia y de la redención. Porque, habiendo Dios creado al hombre a su imagen, y no habiéndola grabado en los demás animales, por virtud de este don singular con que distinguió al hombre, con mucha razón se llama en las Sagradas Letras Padre de todos los hombres, no sólo de los cristianos, sino también de los infieles (cf. Dt 32, 6; Is 63, 16; Mal 1, 6, et in Novo Test. passim).

[Latine] Quae sit prima ratio ob quam hómines Deum mérito Patrem hic appellent.

Quibus autem ratiónibus Patris nomen Deo conveniat, suppeditavit facultas docendi fidelem pópulum ex locis creationis, gubernationis ac redemptionis. Nam cum Deus creáverit hóminem ad imáginem suam, nec illam céteris animántibus impertíverit; ex hoc singulari múnere, quo hóminem ornavit, iure omnium hóminum, nec fidelium modo, sed etiam infidelium Pater in divinis Scripturis appellatur (cf. Deut XXXII, 6; Isai LXIII, 16; Malach I, 6, et in Novo Test. passim).

SACRA SCRIPTURA

Liber Deuteronomii 32, 6

«¿Es ése el pago que dais a Yahveh, oh pueblo necio e insensato? ¿No es Él tu padre, que te creó, Él quien te hizo y te ha afirmado?». [Latine] «Haeccine redditis Domino, / popule stulte et insipiens? / Numquid non ipse est pater tuus, qui possedit te, / ipse fecit et stabilivit te?».

Liber Isaiae 63, 16

«¡Pues Tú eres nuestro padre! Ciertamente, Abraham no nos conoce ni nos reconoce Israel. Tú, Yahveh, eres nuestro padre; “nuestro redentor desde tiempo antiguo” es tu nombre». [Latine] «Tu enim pater noster. / Abraham enim nescit nos, / et Israel ignorat nos; / tu, Domine, pater noster, / redemptor noster: a saeculo nomen tuum».

Prophetia Malachiae 1, 6

«El hijo honra al padre y un servidor a su señor; si, pues, padre soy Yo, ¿dónde está mi debida honra? Y si soy señor, ¿dónde está mi temor debido?, dice Yahveh Sábaoth, a vosotros, sacerdotes, menospreciadores de mi Nombre. Pero decís: “¿En qué hemos menospreciado tu Nombre?”». [Latine] «Filius honorat patrem, et servus dominum suum. Si ergo pater ego sum, ubi est honor meus? Et si Dominus ego sum, ubi est timor meus?, dicit Dominus exercituum ad vos, o sacerdotes, qui despicitis nomen meum et dicitis: “In quo despeximus nomen tuum?”».

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9 jul. 2015

Pío X sobre la miserable condición de los indios de América Latina en 1741 y 1912



S. Pío X, Carta Encíclica ‘Lacrimabili statu’
[7 Jun. 1912]
AAS 004 [1912] 521-525 

CARTA ENCÍCLICA

A LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE AMÉRICA LATINA, 
PARA PONER REMEDIO A LA MISERABLE CONDICIÓN DE LOS INDIOS

PÍO PP. X

VENERABLES HERMANOS 
SALUD Y BENDICIÓN APOSTÓLICA

Vehementemente conmovido por el penoso estado de los indios de la América inferior, Nuestro ilustre antecesor, Benedicto XIV, trató su causa con gran preocupación, como bien lo sabéis, en su Carta Immensa Pastorum aparecida el día 22 del mes de diciembre del año 1741, y como casi lo mismo que él lamentó en aquella carta también Nosotros debemos deplorarlo en muchos lugares, llamamos ahora solícitamente vuestra atención hacia la misma. En ella se queja entre otras cosas de que, aun cuando la Sede apostólica mucho tiempo hace que se preocupa de aliviar la afligida situación de aquéllos, no obstante existen aún

«cristianos que como si hubieren olvidado totalmente el sentido de la caridad derramada por el Espíritu Santo en nuestros corazones, a los pobres indios no sólo carentes de la luz de la Fe, sino también a los limpios por el bautismo, los reducen a la esclavitud, los venden como esclavos, los privan de sus bienes, y realizan con los mismos tales obras de inhumanidad que los apartan principalmente de abrazar la fe de Cristo, y sobre todo hacen que se obstinen en su odio para la misma».

De todas estas cosas indignas, empero, aquella que es la peor, o sea la esclavitud propiamente dicha, poco después, por obra de Dios misericordioso, ha sido abolida totalmente; y para su abolición pública en el Brasil y en otras regiones mucho contribuyó la maternal instancia de la Iglesia ante hombres esclarecidos que gobernaban esas Repúblicas. Y de buena gana confesamos que, si no lo hubiesen impedido muchos y grandes obstáculos, las resoluciones de aquéllos hubiesen tenido muchísimo mayor éxito. Sin embargo, aun cuando algo se ha hecho en favor de los indios, no obstante es mucho lo que resta por hacer. En verdad cuando examinamos los crímenes y las maldades, que aún ahora suelen cometerse con ellos, ciertamente quedamos horrorizados y profundamente conmovidos. Pues ¿qué puede haber de más y de más cruel y de más bárbaro, que el matar los hombres a azotes, o con láminas de hierro ardientes, por causas levísimas a veces o por el mero placer de ejercitar su crueldad, o impulsados por súbita violencia conducir a la matanza de una vez cientos y miles, o devastar pueblos y aldeas para realizar matanzas de indígenas; de lo cual hemos recibido noticia que en estos pocos años han sido destruidas casi totalmente algunas tribus? Para excitar de tal manera los ánimos influye en alto grado el inmoderado deseo de lucro; pero no menos también el clima y la situación de esos lugares. Así pues, estando aquellas regiones sujetas a un clima ardiente, que penetra hasta lo más íntimo del ser, y destruye la fortaleza de los nervios, estando alejados de la Religión, de la vigilancia de los que gobiernan y casi puede decirse, de la misma sociedad, fácilmente ocurre que, si los que si hasta allí han llegado no tenían aún depravadas sus costumbres, en breve tiempo comiencen a tenerlas, y por lo tanto, quebradas las barreras del deber y del derecho, se entreguen a todas las depravaciones de los vicios. Ni tampoco se perdona por estos el sexo ni la debilidad de la edad: avergüenza realmente referir la infamia y los crímenes de aquellos en comprar y vender a las mujeres y a los niños; siendo realmente sobrepasados por ellos los peores ejemplos de salvajismo.

En realidad Nosotros, al recibir algunas veces rumores de estas cosas, pusimos en duda la certeza de hechos tan atroces, ya que parecían increíbles. Pero, habiendo llegado a la certeza por medio de testigos muy seguros, esto es, por medio de muchos de vosotros, venerables Hermanos, por los Delegados de la Sede apostólica, por los misioneros y por otras personas de entera fe, ya no Nos es lícito tener ninguna duda de la veracidad de estos hechos.

Por lo tanto, es el momento de que movidos por esta preocupación intentemos poner término a tanto mal, suplicando humildemente a Dios, quiera mostrarnos benignamente algún camino para poner remedio oportuno a esto. Él, pues, que es el Creador y el Redentor amantísimo de todos los hombres, como Nos inspirara el trabajar a favor de los indios, ciertamente Nos inspirará aquello que mejor se acomode a Nuestro propósito. Entre tanto mucho Nos consuela, el que aquellos que gobiernan esas Repúblicas, intenten en todas formas arrojar esa ignominia y mancha de sus dominios; por cuya preocupación mucho podemos alabarlos y aprobarlos. Aunque ciertamente en aquellas regiones, como están muy alejadas de las sedes del poder y muchísimas veces inaccesibles, estos intentos de la potestad civil, llenos de humanidad, ya sea por la astucia de los malhechores, que rápidamente pasan los límites, o ya por la inercia y perfidia de los administradores, a menudo tiene poco efecto, y no raramente también cae en la nada. Por lo cual, si a la labor del Gobierno se uniese la de la Iglesia, entonces ciertamente se obtendrían muchísimo mejores frutos.

Por lo tanto, antes que a nadie, apelamos a vosotros, venerables Hermanos, a fin de que aportéis cuidados y resoluciones peculiares a esta causa, que pertenece a lo más digno de vuestro pastoral oficio y cargo. Y dejando de lado las demás cosas de vuestra solicitud e industria, os exhortamos encarecidamente ante todo, que todas aquellas cosas que en vuestras diócesis están instituidas para el bien de los indios, la promováis con toda vuestra preocupación, y al mismo tiempo cuidéis de instituir aquellas otras que parezcan necesarias a la misma causa. De aquí que aconsejaréis con toda diligencia a vuestros pueblos acerca de su propio oficio de ayudar a las sagradas expediciones a los indios, que habitan primeramente ese suelo americano. Sepan por lo tanto que deben ayudar en esto principalmente con una doble acción: por la limosna y por la oración, y que esto lo hagan no sólo por la Religión, sino porque lo exige la Patria misma. Vosotros empero, en todos aquellos lugares de educación, como puede ser, en los Seminarios, en los colegios, en los internados de niñas, principalmente religiosos, haced que no cese en ningún momento ni el consejo ni la predicación de la caridad cristiana, que obliga a todos los hombres, sin distinción de nacionalidad ni de color, como hermanos, hijos de un mismo Padre; la cual debe probarse no sólo con palabras sino con hechos. Igualmente, no debe dejarse de lado ninguna ocasión de demostrar, siempre que se ofrezca, cuan indecorosos son para el nombre de cristiano estos hechos indignos, que denunciamos.

En cuanto a lo que a Nosotros respecta, teniendo no sin causa una gran esperanza del consentimiento y el favor de las potestades públicas, tomamos principalmente el cuidado para que podamos aumentar el campo de la acción apostólica, en estas inmensas latitudes, el disponer de otras puertas misionales, en las cuales los indios encuentren un refugio y un amparo para su salud. La Iglesia católica nunca fue estéril en hombres apostólicos, quienes urgidos por la caridad de Jesucristo estuvieron prontos y preparados aún para dar su propia vida por sus hermanos. Y hoy, cuando tantos odian la Fe, o la dejan, el ardor por diseminar el Evangelio entre los salvajes no sólo no ha decrecido entre los hombres de todo el clero y de las religiones, sino que crece y aún más se difunde, por virtud principalmente del Espíritu Santo, el cual protege en las cosas temporales a la Iglesia, su esposa. Por lo cual estas ayudas que, por beneficio divino, Nos han sido concedidas, juzgamos necesario usarlas tanto más copiosamente con los indios para librarlos de la esclavitud de Satanás y de los hombres perversos, cuanto más los apremia esa necesidad. Por lo demás, habiendo los predicadores del Evangelio empapado esta parte de la tierra no sólo con sus sudores sino también a veces con su misma sangre, confiamos en el futuro, que de tantos trabajos de cristiana humanidad alguna vez la alegre mies florezca en inmejorables frutos.

Además, para que todo aquello que vosotros, o por vuestra iniciativa o por consejo ejecutéis para utilidad de los indios, tenga la máxima eficacia dimanante de Nuestra apostólica autoridad, Nosotros, recordando el ejemplo de Nuestro Antecesor, condenamos y declaramos reo de inhumano crimen a cualesquiera que, como él mismo dice:

«a los predichos indios pongan en esclavitud, los vendan, los compren, los cambien o regalen, los separen de sus mujeres o de sus hijos, se apoderen de sus cosas o de sus bienes, o de cualquier manera los priven de su libertad reteniéndolos en esclavitud; también a los que para tales cosas dan su consejo, auxilio, favor y acción cualquiera sea el pretexto y cualquiera sea su color a que enseñen o aconsejen que esto es lícito o en alguna otra forma o pretendan cooperar a lo ya dicho».

Por lo tanto queremos que la potestad de absolver de estos crímenes a los penitentes en el fuero sacramental sea reservada a los Ordinarios del lugar.

Siendo conformes a Nuestra paterna voluntad también continuando lo hecho por muchos de Nuestros predecesores, entre los cuales también debe conmemorarse nominalmente a León XIII, de feliz memoria, hemos querido escribiros estas cosas a vosotros, venerables Hermanos, sobre la causa de los Indios. De vosotros empero será el luchar con todas vuestras fuerzas, para que Nuestros deseos se cumplan con todo éxito en estas cosas os habrán de favorecer ciertamente los que gobiernan las Repúblicas; no faltarán tampoco, entregándose con toda actividad al trabajo y al estudio, aquellos que pertenecen al clero, y principalmente los dedicados a las sagradas misiones, y por último están sin ninguna duda todos los buenos, que ya por sus obras, los que pueden, ya por otros oficios de caridad ayudarán a la causa, en la que se unen al mismo tiempo razones en pro de la Religión y de la dignidad humana. Porque realmente al que gobierna se agrega la gracia de Dios omnipotente bajo cuyo auspicio, Nosotros, como testimonio también de Nuestra benevolencia a vosotros, venerables Hermanos, y a vuestra grey impartimos solícitamente Nuestra bendición apostólica.

Dado en Roma, junto a S. Pedro, el 7 de junio de 1912, noveno año de Nuestro Pontificado.

PÍO PP. X.

S. Pius Pp. X, Litterae Encyclicae ‘Lacrimabili statu’
[7 Iun. 1912]
AAS 004 [1912] 521-525


LITTERAE ENCYCLICAE

AD ARCHIEPISCOPOS ET EPISCOPOS AMERICAE LATINAE DE MISERA INDORUM CONDITIONE SUBLEVANDA

PIUS PP. X

VENERABILES FRATRES 
SALUTEM ET APOSTOLICAM BENEDICTIONEM

Lacrimabili statu Indorum ex inferiori America vehementer commotus, decessor Noster illustris, Benedictus XIV gravissime eorum causam egit, ut nostis, in Litteris Immensa Pastorum, die XXII mensis decembris anno MDCCXLI datis; et quia, quae ille deploravit scribendo, ea fere sunt etiam Nobis multis locis deploranda, idcirco ad earum Litterarum memoriam sollicite Nos animos vestros revocamus. Ibi enim cum alia, tum haec conqueritur Benedictus, etsi diu multumque apostolica Sedes relevandae horum afflictae fortunae studuisset, esse tamen etiamtum

«homines orthodoxae Fidei cultores, qui veluti caritatis in cordibus nostris per Spiritum Sanctum diffusae sensuum penitus obliti, miseros Indos non solum Fidei luce carentes, verum etiam sacro regenerationis lavacro abluios, aut in servitutem redigere, aut veluti mancipia aliis vendere, aut eos bonis privare, eaque inhumanitate cum iisdem agere praesumant, ut ab amplectenda Christi fide potissimum avertantur, et ad odio habendam maximopere obfirmentur».

Harum quidem indignitatum ea quae est pessima, id est servitus proprii nominis, paullatim postea, Dei miserentis munere, de medio pulsa est: ad eamque in Brasilia aliisque regionibuspublice abolendam multum contulit materna Ecclesiae instantia apud egregios viros qui eas Respublicas gubernabant. Ac libenter fatemur nisi multa et magna rerum et locorum impedimenta obstitissent, eorum consilia longe meliores exitus habitura fuisse. Tametsi igitur pro Indis aliquid est actum, tamen multo plus est quod superest. Equidem cum scelera et maleficia reputamus, quae in eos adhuc admitti solent, sane horremus animo summaque calamitosi generis miseratione afficimur. Nam quid tam crudele tamque barbarum, quam levissimas saepe ob causas nec raro ex mera libidine saeviendi, aut flagris homines laminisque ardentibus caedere; aut repentina oppressos vi, ad centenos, ad millenos, una occidione perimere; aut pagos vicosque vastare ad internecionem indigenarum: quorum quidem nonnullas tribus accepimus his paucis annis prope esse deletas? Ad animos adeo efferandos plurimum sane valet cupiditas lucri; sed non paullum quoque valet caeli natura regionumque situs. Etenim, cum subiecta ea loca sint austro aestuoso, qui, languore quodam venis immisso, nervos virtutis tamquam elidit; cumque a consuetudine Religionis, a vigilantia Reipublicae, ab ipsa propemodum civili consortione procul absint, facile fit, ut, si qui non perditis moribus illuc advenerint, brevi tamen depravari incipiant, ac deinceps, effractis officii iurisque repagulis, ad omnes immanitates vitiorum delabantur. Nec vero ab istis sexus aetatisve imbecillitati parcitur: quin imo pudet referre eorum in conquirendis mercandisque feminis et pueris flagitia atque facinora; quibus postrema ethnicae turpitudinis exempla vinci verissime dixeris.

Nos equidem aliquandiu, cum de his rebus rumores afferrentur, dubitavimus tantae atrocitati factorum adiungere fidem: adeo incredibilia videbantur. Sed postquam a locupletissimis testibus, hoc est, a plerisque vestrum, venerabiles Fratres, a Delegatis Sedis apostolicae, a missionalibus aliisque viris fide prorsus dignis certiores facti sumus, iam non licet Nobis hic de rerum veritate ullum habere dubium.

Iam dudum igitur in ea cogitatione defixi, ut, quantum est in Nobis, nitamur tantis mederi malis, prece humili ac supplici petimus a Deo, velit benignus opportunam aliquam demonstrare Nobis viam medendi. Ipse autem, qui Conditor Redemptorque amantissimus est omnium hominum, cum mentem Nobis iniecerit elaborandi pro salute Indorum, tum certo dabit quae proposito conducant. Interim vero illud Nos valde consolatur, quod qui istas Respublicas gerunt, omni ope student insignem hanc ignominiam et maculam a suis Civitatibus depellere: de quo quidem studio laudare eos et probare haud satis possumus. Quamquam in iis regionibus, ut sunt procul ab imperii sedibus remotae ac plerumque inviae, haec, plena humanitatis, conata civilium potestatum, sive ob calliditatem maleficorum qui tempori confinia transeunt, sive ob inertiam atque perfidiam administrorum, saepe parum proficiunt, non raro etiam in irritum cadunt. Quod si ad Reipublicae operam opera Ecclesiae accesserit, tum demum qui optantur fructus, multo exsistent uberiores.

Itaque vos ante alios appellamus, venerabiles Fratres, ut peculiares quasdam curas cogitationesque conferatis in hanc causam, quae vestro dignissima est pastorali officio et munere. Ac cetera permittentes sollicitudini industriaeque vestrae, hoc primum omnium vos impense hortamur, ut quaecumque in vestris dioecesibus instituta sunt Indorum bono, ea perstudiose promoveatis, itemque curetis instituenda quae ad eamdem rem utilia fore videantur. Deinde admonebitis populos vestros diligenter de proprio ipsorum sanctissimo officio adiuvandi sacras expeditiones ad indígenas, qui Americanum istud solum, primi incoluerint. Sciant igitur duplici praesertim ratione se huic rei debere prodesse: collatione stipis et suffragio precum; idque ut faciant non solum Religionem a se, sed Patriam ipsam postulare. Vos autem, ubicumque datur opera conformandis rite moribus, id est, in Seminariis, in ephebeis, in domibus puellaribus maximeque in sacris aedibus efficite, ne unquam commendatio praedicatioque cesset caritatis christianae, quae omnes homines, sine ullo nationis aut coloris discrimine, germanorum fratrum loco habet; quaeque non tam verbis, quam rebus factisque probanda est. Pariter nulla praetermitti debet, quae offeratur, occasio demonstrandi quantum nomini christiano dedecus aspergant hae rerum indignitates, quas hic denunciamus.

Ad Nos quod attinet, bonam habentes non sine causa spem de assensu et favore potestatum publicarum, eam praecipue suscepimus curam, ut, in ista tanta latitudine regionum, apostolicae actionis amplificemus campum, aliis disponendis missionalium stationibus, in quibus Indi perfugium et praesidium salutis inveniant. Ecclesia enim catholica numquam sterilis fuit hominum apostolicorum, qui, urgente Iesu Christi caritate, prompti paratique essent vel vitam ipsam pro fratribus ponere. Hodieque, cum tam multi a Fide vel abhorrent, vel deficiunt, ardort amen disseminandi apud barbaros Evangelii non modo non inter viros utriusque cleri sacrasque virgines remittitur, sed crescitetiam lateque diffunditur, virtute nimirum Spiritus Sancti, qui Ecclesiae, sponsae suae, pro temporibus subvenit. Quare his praesidiis quae, divino beneficio, Nobis praesto sunt, oportere putamus eo copiosius uti ad Indos e Satanae hominumque perversorum servitute liberandos, quo maior eos necessitas premit. Ceterum, cum istam terrarum partem praecones Evangelii suo non solum sudore, sed ipso non numquam cruore imbuerint, futurum confidimus, ut extantis laboribus aliquando christianae humanitatis laeta messis efflorescat in optimos fructus.

Iam, ut ad ea quae vos vel vestra sponte vel hortatu Nostro acturi estis in utilitatem Indorunx, quanta maxima potest, efficacitatis accessio ex apostolica Nostra auctoritate fiat, Nos, memorati Decessoris exemplo, immanis criminis damnamus declaramusque reos, qui cumque, ut idem ait,

«praedictos Indos in servitutem redigere, vendere, emere, commutare vel donare, ab uxoribus et filiis separare, rebus et bonis suis spoliare, ad alia loca dece ducere et transmittere, aut quoquo modo libertate privare, in servitute retinere; nec non praedicta agentibus consilium, auxilium, favorem etoperam quocumque praetextu et quaesito colore praestare, aut id licitum praedicare seu docere, atque alias quomodolibet praemissis cooperari audeant seu praesumant».

Itaque potestatem absolvendi ab his criminibus poenitentes in foro sacramentali Ordinariis locorum reservatam volumus.

Haec Nobis, cum paternae voluntati Nostrae obsequentibus, tum etiam vestigia persequentibus complurium e decessoribus Nostris, in quibus commemorandus quoque est nominatim Leo XIII fel. rec., visum est ad vos, venerabiles Fratres, Indorum causa, scribere. Vestrum autem erit contendere pro viribus, ut votis Nostris cumulate satisfiat. Fauturi certe hac in re vobis sunt, qui Respublicas istas administrant; non deerunt sane, operam studiumque navando, qui de clero sunt, in primisque addicti sacris missionibus; denique aderunt sine dubio omnes boni, ac sive opibus, quipossunt, sive aliis caritatis officiis causam iuvabunt, in qua rationes simul versantur Religionis et humanae dignitatis. Quod vero caput est, aderit Dei omnipotentis gratia; cuius Nos auspicem, itemque benevolentiae Nostrae testem, vobis, venerabiles Fratres, gregibusque vestris apostolicam benedictionem peramanter impertimus.

Datum Romae apud S. Petrum, die VII mensis iunii MCMXII, Pontificatus Nostri anno nono.

PIUS PP. X.

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16 abr. 2015

Messori: El significado providencial del islam


Messori: El significado providencial del islam

Hace algún tiempo nos preguntábamos cuál era el significado, la función del islam en el misterioso plan divino. ¿Por qué, después de Jesucristo, Mahoma? ¿Qué misión iba a cumplir en la organización providencial este monoteísmo surgido de improviso e imprevisto?

A estas consideraciones que intentamos hacer al plantearnos estas cuestiones, tal vez se le añadiría otra de igual importancia, cuyo rango se pone de especial manifiesto a causa de la guerra en el golfo Pérsico contra el Iraq de Saddam Hussein.

El despliegue en los desiertos de Arabia de la mayor coalición de la historia, con una potencia de alcance varias veces superior a la exhibida en toda la segunda guerra mundial, sería del todo incomprensible desde una perspectiva puramente política o militar. ¿Se ha hecho todo este gigantesco esfuerzo sólo para permitir el retorno a la patria a un emir multimillonario y a su corte de esposas, concubinas, eunucos y demás acaudalados cortesanos? ¿Las democracias occidentales en acción de guerra —y, por si fuera poco, ondeando motivaciones idealistas— para reinstaurar un régimen semifeudal? ¿El mundo entero decidido a llegar hasta el final en nombre de un país como Kuwait que prácticamente no «existe», siendo poco más que una construcción artificiosa del colonialismo europeo, trazada con una regla sobre el desierto más estéril y sin casi población «indígena», puesto que casi todos los habitantes son emigrados recientes?

En efecto, creemos que, tras la rendición de Iraq, nadie se conmovió viendo a emires y cortesanos abandonar, con sus gruesos anillos y relojes de oro macizo, el lujoso hotel de Arabia Saudí utilizado como «sede del gobierno en el exilio» para regresar a Kuwait City con un cortejo de Rolls Royce. Por otro lado, Kuwait era famoso (y criticado) en el mundo por su fuerte rechazo a compartir con los «hermanos musulmanes» la increíble riqueza producida por el petróleo. Alguna que otra dádiva, como la efectuada para la construcción de la mezquita de Roma, no anulaba en modo alguno la fama de avaricia egoísta. ¿Se había enviado a la juventud de Occidente a sufrir y a arriesgar la vida por amor a estos sátrapas mimados?

Por supuesto, el petróleo explica algunas cosas. Estados Unidos e Inglaterra, los líderes de la coalición pro Kuwait, poseen en sus respectivos territorios pozos suficientes como para llegar a la autosuficiencia. Pero el pequeño país del golfo Pérsico no interesa tanto por ser proveedor de crudo como por su enorme concentración financiera: de sus miles de millones de dólares (de los que sólo una pequeña parte se consigue invertir en el propio país) dependen increíbles intereses con sede en las bolsas de Londres y Nueva York. Estados Unidos (y, en parte también Gran Bretaña) tienen además una deuda pública alarmante apuntalada con los medios financieros que obtienen sin esfuerzo los magnates kuwaitíes de esos novecientos pozos que los iraquíes han incendiado por el camino.

Probablemente, la cruzada internacional proclamada por Estados Unidos, con la cobertura de la ONU, a favor de aquel remoto arenal es uno de los poquísimos casos en los que el tosco esquematismo marxista (la guerra como medio de defensa y ofensa del capitalismo) se ha acercado en cierto punto a la realidad. Pero tampoco aquí, como de costumbre, puede explicarlo todo la economía. En esta guerra ha habido «algo» más. Ese «algo» que se esconde detrás del «Nuevo Orden Mundial» del que tantas veces habló el presidente norteamericano Bush, al igual que el líder británico y el presidente francés.

¿No parecería demasiado excesivo sacar a colación un «Nuevo Orden Mundial» para una guerra de trasfondo regional, contra un país cuyo ejército, a pesar de estar armado por rusos y también por occidentales, prácticamente no pudo reaccionar? El balance de víctimas en la coalición occidental fue al final igual a una pequeña parte de los muertos en las carreteras de cualquier fin de semana.

Un principio de explicación puede venir del hecho, recordado explícitamente por el Gran Maestro de la masonería italiana, Di Bernardo, en una entrevista publicada en La Stampa en marzo de 1990. Al igual que casi todos sus predecesores desde los tiempos de George Washington, George Bush es desde siempre un seguidor de las logias. Es más, posee «un grado 33 del Rito Escocés Antiguo y Admitido». O sea, ocupa el grado más alto de la pirámide de los «Hermanos». 




El Dios tantas veces invocado por el presidente, antes, durante y después de la guerra es, sin la menor duda — según la tradición del poder americano, por otro lado—, el Gran Arquitecto, cuya simbología se basa antes en el dólar que en el Dios de Jesucristo.

Éstas son ideas complejas, que han de exponerse con mucha prudencia dado el peligro de caer en el delirio del «ocultismo» esotérico o en la obsesión de quien detrás de la Historia sólo ve el «gran complot» de sociedades secretas. Sin embargo, es cierto que el término «Nuevo Orden Mundial» pertenece desde siempre al vocabulario masónico, es más, representa la meta final de esta orden. Un mundo «nuevo», una humanidad «nueva», una religión «nueva», sincretista y, por consiguiente, tolerante y universal que se alzará sobre las ruinas de los credos «dogmáticos», los grandes enemigos contra los cuales combate el «humanismo» masónico desde 1717.

El cristianismo y el islamismo son los «grandes enemigos». El primero, al menos en su versión protestante, hace tiempo que además de capitular se unió sin rodeos a la lucha de las logias: la presencia de los grandes dignatarios anglicanos (seguidos luego por los de otras confesiones) es constante desde los inicios de la masonería. Algo similar ocurrió en la ortodoxia oriental, cerrada en parte sobre su arqueologismo y, al nivel de las altas jerarquías, en parte también convertidas al Gran Arquitecto. Es un dato cierto, por ejemplo, que el difunto y prestigioso patriarca de Constantinopla, Atenágoras, perteneció a las logias. Respecto al catolicismo, es muy evidente la actual conversión de al menos una parte de la intelligentsia clerical de Occidente a un «humanismo» entreverado de sincretismo, defendido en nombre de la «tolerancia».

El islamismo permanece como un resistente baluarte, enrocado en la defensa del «dogmatismo» religioso. Como ya se dijo: «El único grave y, por el momento, insuperable obstáculo para el Nuevo Orden, para el Gobierno Mundial masónico lo constituye el islam: aunque las altas cúpulas de esos pueblos también estén infiltradas, las masas musulmanas no están dispuestas a aceptar una ley que no sea la del Corán y un poder político basado en un "Dios" impreciso y no en el Alá del que habló Mahoma. Si tiene que haber un gobierno mundial, el islam no está dispuesto a aceptar ninguno que no lleve el sello del Corán y sus mandamientos».

¿Es éste, pues, el significado providencial (que sólo ahora empieza a quedarnos claro) de la aparición y la persistencia del islam? ¿Tal vez se encuentra en su oposición radical a un mundo unificado por la economía occidental y por un vago espiritualismo basado en una divinidad desvinculada de cualquier verdad revelada, y que por eso pone a todos de acuerdo? ¿Son aquellos que quieren seguir creyendo en el monoteísmo revelado por las Santas Escrituras semíticas y no en el que subyace en la Carta de la ONU los que, al constituir un verdadero obstáculo para el programa masónico, cumplen así el papel establecido ab aeterno por la Providencia?

No hay que olvidar, para seguir con el Golfo, la campaña de odio y difamación desarrollada en Occidente contra la teocracia del Irán de Jomeini: precisamente, para destruir este régimen fue por lo que Estados Unidos armó a Iraq, al que ahora combaten para premiarlo por su espíritu «laico», o, más aún, «agnóstico». Y puede que el conocimiento de todo este entramado explique la tenaz oposición a la guerra de un Papa que, por esta muestra de pacifismo, ha tenido que sufrir la campaña de difamaciones de los líderes «atlánticos» y sus medios de comunicación.

Fuente: Vittorio Messori, «Leyendas negras de la Iglesia». Editorial Planeta, S.A. 1ª ed., 9ª imp. (10/2000). IX. Las otras historias. 54. Islam (páginas 223-228).

[Tr.: Stefanía María Ciminelli; Celia Filipetto; Juana María Furió]. ISBN 13: 978-84-08-01778-3. ISBN 10: 84-08-01778-0.

Imagen: A Muslim prays at a British mosque in solidarity with the family of a taxi driver (AFP).

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